martes, 8 de abril de 2014

Hasta Bécquer tenía poemas en sucio.



Poco a poco todo por lo que un día luché se empieza a desmoronar. Empiezan a tambalearse los cimientos que sujetaban mi autoestima. Los soportes de la vida empiezan a estar demasiado cansados de tanta mierda, de tanta decepción, de tanta falsedad.. los tornillos con los que me dibujé la sonrisa empiezan a enrroñecerse y las estacas que alguna vez me clavaron empiezan a escocer.

Y creo que deberías volver. No por pura necesidad, sólo por puro egoísmo. Sólo que sin ti yo no. Y si yo no, nada es. Y para que la vida sea nada, prefiero ser el todo. Y para que la vida sea el quizá, prefiero ser la afirmación que deja bastante claro que para ser feliz se necesita una pizca de emoción. Pero no la tengo. Quizá por eso mismo deberías volver. Porque ya no escribo bien, porque no duermo bien, porque las cosas van demasiado tranquilas. Se nota que es primavera, pero siempre he sido más de tormentas. Y se nota tu ausencia porque mis vaqueros no cierran, porque mi cerebro por fin piensa, porque el circuito eléctrico que hace funcionar mis neuronas va de puta madre. Y perdóname por dicha palabrota, desde cuándo una chica como yo tiene tan mal vocablo: pero dice mi reina autosuficiente que mejor malo conocido, que bueno por conocer.

jueves, 30 de enero de 2014

Vivir para poder dormir. Morir para poder vivir.


Empieza a preocuparme el hecho de necesitar que las cosas vayan mal para poder escribir algo con coherencia. O con la poca que puede llegar a tener cinco palabras mal puestas en un papel a las tres de la mañana de un jueves.

Una taza de té y un cigarro acompañaban su pequeño y frágil corazón con la intención de que la cafeína y la nicotina hicieran su trabajo. Pero sus pequeños párpados seguían en plena lucha por poder mantener los ojos abiertos, y por lo demás, seguía echando(se) de menos. Tenía demasiado claro que el tiempo la acompañaba por las noches y se hacia amiga de confesiones cuando nadie más podía escucharla. Había descubierto que pasear sola no era tan malo, que tomar té caliente al lado de la ventana mientras veía llover sí que era placentero y que fumar mientras pensaba que se estaba matando la hacía demasiado masoquista. Que levantarse queriendo volver a acostarse se convertía en rutina. Que la soledad quería complacerla de forma muy inoportuna. Que la vida la hacía de las suyas.
Pero solo ella podía entenderse y solo ella podía hacerse sentir lo suficientemente feliz.

Y eso es lo que la hacía la más infeliz del mundo. ¿Quién era ella para poder hacerse feliz? ¿Qué la había llevado a no necesitar a nadie para poder saber que lo mejor siempre viene en frascos pequeños? Prefería acostarse sabiendo que mañana sería un obstáculo más que superar y no un día más para disfrutar. Prefería saber que estar despierta solo lo servía para joder más a los que la rodean y no para enseñarles a avanzar como ella nunca supo(pudo).


                                     prefería valorar más el tabaco que la distancia..



                                                                                                            ..más que el amor, más que la vida. 

lunes, 20 de enero de 2014

¿Olvidar o buscarte?


Solo tengo un minuto para poder recordarte por qué me voy. Quizá solo tenga un minuto que poder perder, o por el contrario, quizá solo la vida me de un minuto de su tiempo para poder decirte adiós.

No me gusta decir adiós, porque bueno, un "hasta luego" es un "pronto nos vemos", ¿pero un adiós? ¿hasta cuando? Y ya siento si la presión en el pecho no compagina con la métrica de la canción que escribimos aquella mañana de Diciembre. Y siento que el sol ya no salga por el mismo sitio por el que yo le veo despertarse cada mañana. Y ya siento que solo sepamos distanciarnos de la forma más cruel: sin decir nada.

Pero el frío seguirá siendo frío sin mi a tu lado. Y el calor calentará más de lo necesario. Y el deseo se quedará en querer follarte a una rubia con esperanzas de que sus labios puedan  darte la señal de volver al mismo lugar donde empezó todo. Pero no vuelvas, porque quizá sea que ya no te necesito.  O no, perdón. Quizá lo que soy ahora no te necesita -o te necesita más de lo necesario-. Así que si te vas, o me voy, avisa para poder cerrar las ventanas y que no haya corriente con la puerta abierta.

Siempre tuya. Nunca mío. 

viernes, 10 de enero de 2014

Y entonces, lo que venga.


No bastó un verano para probarnos y un otoño para perdernos. Vivir por separado para encontrarnos en Diciembre, y entonces, volver a conocernos. Alguien tenía que robarme el mes cuando parecía que reincidir no era tan mala opción. Y entonces, queriendo solo una revancha volvimos a jugar, y a probarnos, y a vernos por los bares, y a besarnos en los portales.

Y así nos hicimos amigos. Nos emborrachábamos para querernos mejor. Nos reíamos del mundo en la calle, en la cama, en un banco, entre sábanas. Y así empezamos a compartir algo más que madrugadas.

Te he visto despertar y desesperar. Te he visto queriendo e indiferente. Te he visto cumpliendo sueños y matando dudas. Me he quedado a vivir donde te escondes. He aprendido como dueles y donde (me) dueles. Me has dado todo lo que me faltaba, y ha sido entonces cuando he podido abandonar todo lo que me sobraba.

Nos bastó un verano para probarnos, y un invierno para tenernos. Tú una excusa para volver a creen en algo, yo, tu excusa para olvidar a alguien que no creía en ti.

miércoles, 8 de enero de 2014



Empieza a ahogarte y no te deja  ni con aire. Había analizado cada paso y había jugado lo suficientemente bien para poder saber con certeza que de esto saldría algo bonito. Había idealizado tales planes que podría asegurarme que la única que saldría victoriosa sería yo. Me equivoqué.
No existen planes perfectos, amistades con derechos, ni amores con sentimiento. A penas existe el día sin sueño, y la noche con insomnios. Los inviernos dejan de dar frío y los veranos de hacernos sudar. Habíamos pasado del lado reluciente a la muchedumbre en cuestión de segundos, o de milésimas de ellos, a penas puedo recordarlo. Nos habíamos regalado mutuamente nuestros corazones, para después, haberlos estampado contra el suelo y convertirlos en pequeños, sangrientos y punzantes trocitos que se encargaban de guardar cada uno de los te quiero que nos dijimos y que nunca pudimos hacer realidad. Al igual que los besos que prometimos darnos, pero que nunca surgieron.

Pero la vida pasa. Porque no se aprovecha. Se jode, se ignora, se atraganta. La vida pasa.

lunes, 6 de enero de 2014

No voy a engañart(m)e.



No voy a engañarte. Pero podría hacerlo, podría hacerte creer en un solo segundo que soy la mujer de tu vida y que me voy a quedar toda la eternidad contigo. Pero no voy a engañarte, aunque podría dejarte caer en la mayor de las cegadas mentales, y manejarte hasta mi cama sin ni un jodido mapa de carreteras, solo con las curvas de mi cuerpo. Pero no voy a engañarte, no quiero ser ese vicio inconfesable que de vez en cuando sale, por culpa de lo bonitas que son tus comisuras cuando se estiran. Pero no voy a engañarte, y negaré cualquier sentimiento que pueda querer ir más allá de nuestras fronteras. Y sí, podría engañarte, pero no voy a hacerlo, porque podríamos hacernos más daño de lo que aun no sabemos.