domingo, 15 de diciembre de 2013

Putos veintisietes.



Muchas veces no estamos solos. Muchas veces nos ayudan a salir adelante. Muchas veces saben guiarnos de una forma un tanto especial. Pocas veces acaba todo esto.

Porque la cosa no es unos ojos bonitos, no; la cosa es la forma en la miran. Porque tampoco es usar bien  los labios, apenas; la cosa es el sabor que te dejan después de un beso. Y por supuesto, tampoco es la dulzura de su risa, sino la agradable melodía que hace de ella.
Puedo jurar y requete jurar que no es el hecho de que te quiera, es el hecho de cómo intenta hacerte un poco más suya sabiendo  que nunca has podido ser completamente de alguien.

Hoy por hoy, solo puedo comentar y asegurar que no todos los amores son iguales. Que no todos nos enamoramos de una forma, ni de unos ojos, ni siquiera de la piel de gallina causada por sus suspiros detrás de la oreja derecha. Y puedo confirmar que estaría escalando su espalda como si del Everest se tratara, y que comería de sus labios una y otra vez, sin miedo a engordar. Y quizá, después de ocho meses no pueda asegurar que me sería fácil seguir sin todas esas cosas, pero sí que podría asegurar que viviría estancada en sus ojos toda la vida, toda la muerte y todo lo que venga después. Hay miradas que te matan, y otras tantas, que te resucitan.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Déjanos hacernos algo.


He sabido beberte a morro y fumarte sin chusta. He querido analizar la situación sin conjunciones ni clases de sintaxis. He aprendido a tocar los versos más bonitos con besos en tu columna vertebral. Y quizá ahora, y solo ahora sepa por qué te quiero. Hacia mucho tiempo que andaba buscado mi cordura, y sólo cuando te conocí tuve cojones a darme cuenta de que la había perdido para siempre. A mi no me mires entonces; échale las culpas a tus besos sin venir a cuento, al calor de tus brazos en invierno y al refrescante calor de tus ojos que esconden el puñetero Océano Pacífico.

Dejémonos de ruinas que no vienen a cuento y haz de mi tu rutina. Déjame hacerte pedacitos y después reconstruirte a besos, cortos, lentos, por la comisura de tus caderas. Prometo no dormir por las noches a cuenta de verte durmiendo, y prometo dormir por el día a cuenta de querer recordarte soñando. También puedo prometerte unos días muy grises rodeados de pequeñas dosis de insultos y lágrimas amargas con sabor a despedida. Y lo mejor no es eso cariño, lo mejor es lo de después. He creído haber saboreado el quitarte la ropa y el haber mordisqueado la sensación de tus pupilas encima de las mías. He creído haber aprendido a bailar bajo tus sábanas, y sobre todo he creído haber aprendido a conjugar tus besos con los arañados de tu espalda. Bonita obra de arte, ¿verdad? Aunque para arte las legañas de tus ojos nada más despertarte.

Ten cuidado. Por ti. Por mi. Por nosotros. Por lo nuestro. No me dejes coger postura entre tus pensamientos, ni mucho menos me dejes cogerle gusto a acariciarte la espalda mientras respirar hondo. Deja que el barco que construimos naufrague si hace falta, que se guíe el solo por tierras no encontradas. Deja que nos odiemos entre gemidos entre cortados a causa de la falta de oxígeno. Pero sobre todo, ten cuidado. Déjanos odiarnos.

lunes, 2 de septiembre de 2013

De Madrid al cielo y de Móstoles al suelo.



A mi siempre me habían dicho que en invierno se escribía entre edredones,  con un pijama calentito, un cigarrillo y una gran taza de té caliente. Y un día lo probé. Y otro día me gusto.
Y ya sabéis lo que dicen: "No te enganches que la lías". Pues bueno, a día de hoy sigo  echando de menos sus besos. Y no hablo de ellos como una droga, sino como un estilo de supervivencia.

Y no es porque ya no los pruebe, que tampoco, sino porque me enganché y porque de vez en cuando firmas sin mirar o  cruzas en rojo. Y no sabéis lo que a mi me gustaba saltarme las normas y colarme a las tantas de la madrugada entre sus sábanas recién limpias y darle besos en las comisuras de los labios mientras veía de reojo como fruncía el ceño.

Y si hablamos de saborear, nunca sentiréis lo que era mirar aquellos ojos azules en los que escondía el puto Océano Pacífico y saber que pasarías toda la vida naufragando por ellos. Muchos dicen que los ojos son el espejo del alma, y entonces, sin ser necesario el inhalar una partícula de aire, sabes que es la más bonita de todo Madrid. Y que todos somos ciegos cuando nos enganchamos de una mirada, sí; pero no juzgues a los que se quedan en el precipicio de su mirada, si tú ni siquiera has tenido cojones a articular palabra cuando de su boca solo sale un hilo voz...:

Un "se mi rutina".  Rutina y ruina.  Se la rutina de todos mis días, y la ruina de todo Roma. Se mi Museo del Prado de Madrid, mi Torre Eiffel de París, mi Empire States de Nueva York. Se el primer museo donde pueda contemplar todas tus obras, desde tus ojos hasta tus caderas. 

... cuando puedas, aunque sea respirar y hacer que tu corazón bombee toda la sangre necesaria para poder levantar los brazos y abrazarlo, podrás reprocharme el escribir a estas horas sobre alguien que deja en sequía a medio continente intentando alimentar su mirada.

domingo, 25 de agosto de 2013

Marlboro, por favor.



Mucha gente me había roto el corazón en un intento fallido de querer arreglar lo que ya no tenía arreglo. Había sufrido por cosas que, ahora, son más mierda que lo que soltáis por esa boca. Había dicho te quiero a quien merecía estar bajo tierra, y había prometido el cielo a quien no se conformaba ni con el universo.

Pero después de un tiempo, de ser solo cenizas y cigarros a medio acabar en un cenicero, me dí cuenta, de que siempre habrá alguien que cuando no tenga más tabaco y tenga un mono impresionante, cogerá ese medio cigarro y se lo fumará con la esperanza de poder saciar las ganas de meter nicotina en sus pulmones. Y aun matando lentamente será feliz por unos minutos. Y parecido es lo que hace conmigo.
Había desconfiado de mucha gente, incluso de mi misma.. pero nunca había confiado tan a lo loco, tan a la velocidad de lo que se consume un cigarrillo. Y qué más dará si me equivoco por milésima vez, hay heridas que no han cicatrizado todavía y con las que vivo perfectamente; hasta que llegue alguien que consiga taparlas, exterminarlas, o besarlas, yo qué cojones sé.

Solo sé que no sé nada, o puede que sí. Puede que sepa que escueces de la misma forma que enganchas. Y que matas de la misma forma que besas. Pero sobre todo me encanta la manera en la que abrazas por la espalda y me insultas solo por verme enfadada. Ojalá seamos perpendiculares en algún momento de nuestra vida y no necesite nada más que tocarte para saber que el séptimo cielo se nos queda corto. Que las heridas han cicatrizado, y que si queremos que nos hagan daño, nos lo haremos mutuamente debajo de las mismas sábanas.

No pidas permiso, ni preguntes. Sólo hazlo. Hazme quererte, hazme pegarte, hazme besarte, hazme gemir tu nombre. Hazlo, pero no preguntes, porque hay besos que en ciertas bocas saben mejor.

jueves, 15 de agosto de 2013

Uno no es feliz hasta que no cumple sus sueños.



De vez en cuando me da por pensar en un intento fallido de querer ser feliz. Está más que claro que yo eso  no sé serlo, y no podré serlo nunca (a no ser que esto que acumulo sea tirado a un cubo de masas radiactivas).
Llevo siete años de mi vida en el intento de  ser algo que  nunca he llegado a perfeccionar del todo. Intentando caerle bien al mundo, ser la hija perfecta y la mejor hermana del mundo. Todo resultó ser una misión imposible porque a día de hoy medio mundo me odia, mis padres de vez en cuando se preguntan qué hicieron mal y a mi hermano se la sigo sudando. Y ya que mi intento de ser feliz se esfumó y me dio por pensar, he llegado a la conclusión de que el factor común soy yo. Que no soy lo suficientemente buena para que alguien se enganche de mi, y que no soy lo suficientemente de confianza para que alguien pueda apostar por mi y por tenerme en su vida.

De vez en cuando me gusta quitarme espinas que se quedan incrustadas en la piel después de haberme tirado de espaldas y con los ojos cerrados contra un rosal. En la milésima de segunda en la que caes todo pasa completamente rápido ante tus ojos. Nada bueno me refiero. Desde la primera vez que lloras, hasta la última vez que prometiste no hacerlo. Pero quién cojones puede reprimir el sentirse así. "Imagen distorsionada de la vida" según mi psicólogo. "Verdad pura y dura(gorda)" según yo.
Después de varios arañazos por ciertos restriegues entre rosales te empiezas a acostumbrar a ser usada, desgarrada, maltratada y distanciada. Empiezas a ver la vida desde millones de perspectivas diferentes que te ayudan a replantearte el volver a empezar de nuevo. A cambiar. A ser otra. A no ser la de siempre. Porque la llamada 'la de siempre' es tan imperfecta que empieza a escocer. Y no, el escozor no viene por las heridas de las malditas rosas, sino del hijo de puta que me  condujo hasta aquel jardín repleto de semejantes preciosidades.

Y no me mal interpretéis, no vengo a dejar rencor sobre las espinas, sobre las rosas, o sobre aquel hombre mal follado. Vengo a contra-herirme, a auto-lesionarme, a auto-odiarme, como queráis llamarlo. Porque el hecho de que la gente me haga daño acaba sudándome el clítoris, y, sobre todo acaba gustándome, y eso sí que no me gusta. El hecho de sentirse como una mierda empieza a estar anotado en el calendario escolar, y mi vida a penas tiene días de veraneo. (y vuelvo a repetir, no me malinterpretéis por nada, porque amo tanto el invierno que ojalá se extinguiera el verano, el otoño y todos los rollitos de primavera chinos).

Dicho todo esto me despido desde la azotea de un sexto sin ascensor donde solo me queda el tirarme de cabeza. Y no os preocupéis, no duele hasta que llegas al fondo, y esto es un pozo sin fondo.

Qué bien vendría un cigarro a estas alturas de la madrugada, diría un fumador. Y yo le estoy cogiendo un cariño al tabaco que.. empieza a gustarme.

<Querida M del futuro: Será fumadora, feliz, autosuficiente, madura, y sobre todo, con dieciséis kilos menos. Sé feliz>.

lunes, 12 de agosto de 2013

Nada es lo que parece, pero tú de vez en cuando te dignas en plantarte en el lumbral de mi puerta.



Propondré tratarte como a una herida. Porque visto desde esta perspectiva eres igualita a una de ellas.

Llegas sin que te quiera, sin a penas necesitarte. Sueles aparecer en el momento más inoportuno, y sobre todo quedarte donde más jodes y donde más tardas en irte. Creo que hay torturas en esta vida, y las hay muy jodidas, pero nunca pensé que una de ellas sería tener que lidiar unos pocos días (y tres mil noches) con la herida abierta, en carne viva, a la vista de todos. Porque ya sabes lo que dicen: "Las heridas se curan antes cuando las destapas".. (y probablemente ese fue mi problema, que quise librarme tan rápido de ti, que me pasé por el forro aquel dicho y te tape de primeras).
Ahora solo quiero que te quedes, que no te vayas joder, que no desaparezcas. Porque otra cosa que tienen las heridas es que también deciden cuando irse, pero claro, siempre dejando esa puta cicatriz que hace que recuerdes cada puto día de tu vida que formó parte de ella, y que quieras o no, te has encaprichado tanto de ella que no puedes evitar el sonreír al verla.

Cuando estoy apunto de pedirte que te quedes, te vas.. y cuando quiero que te vayas no haces más que escocer. Y claro, eres tan prohibido que lo único que hago es tocarte. Aunque escuezas o aunque me hagas daño. Porque por lo visto para esto estoy, para aguantar el dolor, y por lo menos, para saber que cierta parte de tu tiempo lo pasas jodiéndome y no en el cuerpo de cualquier otra furcia sin escrúpulos.
Eres como esa pequeña cicatriz que se ve en mitad del pecho tras una operación de corazón. De esas de las chungas, de esas de vida o muerte. Aunque tú siempre fuiste más de la segunda. Dolor y muerte se escriben en la misma línea, ¿sabes? Y yo siempre fui muy adicta a eso de ir por el camino recto.

Tampoco te preocupes por mi, pude sobrevivir sin tu ayuda a aquella operación a corazón abierto, y tú solo eras un espectador. Ahora solo eres pasado, puede que de vez en cuando te tenga más presente y te quiera en un futuro, pero de momento no estoy por la labor de dejarte un pedazito de mi nueva vida. Quizá sea rencor, quién sabe si la necesidad de besarte, o quizá el odio que me tengo a mi misma por no poder mirarte a los ojos cada vez que discuto contigo.

No terminaré sin dejar algo que siempre me ha hecho feliz, y es que, quieras o no, tú has formado parte de mi vida, y yo, he formado parte de la tuya. Quién sabe si yo fui feliz siéndolo o no, sólo sé que tú sí lo fuiste. Porque lo sé, porque lo noto, y porque sigues escribiéndome de vez en cuando (tanto como lo hago yo). Deja de prometerme polvos efímeros, y prométeme que, siendo una herida, un recuerdo o un suspiro, quedará escrito que volveremos a vernos por cuarta vez.

   

                                                                          Tú tan poco mío, yo tan mucho tuya. 

viernes, 15 de marzo de 2013

Qué débil, qué frágil, qué fácil dañarme.




Acababa de cerrar los ojos en un intento fallido de intentar reprimir las lágrimas. Inspiraba y expiraba demasiado deprisa, como si acabara de hacer deporte, como si algo (o alguien) la faltara. Ya no la quedaba aliento; lo había gastado todo chillando de furia preguntándose por qué ella. Estaba a 30º, pero en aquel rincón de aquella pequeña habitación solo hacía frío. Frío. Lágrimas. Sueños rotos. Corazones a medio armar. Sonrisas esfumadas. Intentaba reprimir los llantos con un cojín pegado a la cara, pero ni ella misma se creía aquello que la estaba pasando. Ella sólo se dedicaba a sonreír y a hacer un poco más feliz a la gente, aunque ella no lo fuera o no tuviera intención de serlo. Estaba harta de comentarios fuera de lugar, de miradas disimuladas que la hacían sentirte intimidada, y que, a fin de cuentas no eran tan disimuladas. ¿Qué habían visto en ella para que todos los trapos sucios cayeran sobre ella? En su cabeza sólo se podía oír el eco de los insultos, y en su retina todavía se podía apreciar la imagen de sus muñecas llenas de sangre. Sus dientes tiritaban, quién sabe si de frío o de soledad, si de tristeza o de miedo. Quién sabe. Nadie sabía nada. Sólo ella, o quizá ni eso. Porque ella sabía que en verano hacía calor, y ahora mismo ella tenía frío. Porque ella sabía que las personas eran malas, pero no pensaba que llegarían hasta tal punto. Porque ella sabía que iba a llorar en su vida, pero nunca que tiritaría por ello. Pero por lo que ve, también sabia que iba a equivocarse, y en eso no se equivoco.

lunes, 25 de febrero de 2013

Ojalá (me) amanezcas.



No quedaba siquiera tiempo para echarlo de menos. Sólo quedaba una cama revuelta a causa de los escalofríos. Piel de gallina. Ojeras que encajaban perfectamente con su sonrisa. Recuerdo cuando solo me preocupaba por mi; cuando ni tú eras tú, ni yo era yo. Cuando mis ojeras no dependían de nada ni de nadie. Era feliz en aquellos tiempos, y solo por el simple hecho de que podía culparme de mis desgracias y me hacía más feliz saber que las marcas en las muñecas era por la mierda de vida que creía llevar. Ahora sí que llevo una vida de mierda. Desde que te fuiste. Nada más pasar el lumbral de aquella puerta. Dime, ¿ahora pretendes que no te eche la culpa de esta soledad? Fuiste tú quien decidió llevarse todas sus cosas (y con ello implicaba llevarme a mi). Porque siempre fui tuya, ¿sabes? Y aunque no te des cuenta, sigues siéndolo, aunque le des tu amor a alguna que otra zorra que va de princesa.

Ahora me asfixia tu recuerdo, así que por favor, vuelve. Tú podrás vivir con una cuerda atada al cuello, pero yo vivo atada a ti (que es todavía peor). Y al igual que tú necesitas esa cuerda, yo te necesito a ti. Quizá por egoísmo, y llámame egoísta si es eso es lo que soy, pero no puedes pretender decir a un yonki que deje la droga sin antes haber pasado por rehabilitación porque siempre quedará la recaída, las ganas de volver a por más. La ansiedad y las pupilas dilatadas. Y  conmigo pasa lo mismo. Por mucho que quiera hacerte parte de mi pasado siempre me quedará esa pequeña espina que me haga recordar los días en los que la cama era nuestra única aliada, donde los gemidos y los besos nos seguían al compás de aquella pequeña melodía que salía de aquel pequeño pincha discos. Que felices nos veíamos.. ¿y qué me dices de esa puñetera sonrisa que siempre salía en el momento menos indicado? Amabas esa sonrisa, o por lo menos eso me decías (aunque bueno, prometiste un para siempre, y míranos ahora.)

Supongo que soy una masoquista (no, no supongamos, lo soy.) Que me encanta ver nuestra foto pegada en la pared de mi habitación justo al lado de aquella entrada de cine. Nuestra primera película juntos, y qué irónico suena, porque nosotros también hemos montado una, y esta vez no tuvimos que imaginarnos el final; nosotros podríamos poner uno. Pero fuimos a contra corriente, nos olvidamos de las perdices y empezamos a comer tornillos demasiado pronto. (Y qué jodido se vuelve todo si no estás aquí para sanar las heridas.)  De vez en cuando te echo de menos.. hasta las suelas de los zapatos te echan de menos, pero no te preocupes, se pasa; te juro que se pasa. Dejaras de doler(me).