domingo, 25 de agosto de 2013
Marlboro, por favor.
Mucha gente me había roto el corazón en un intento fallido de querer arreglar lo que ya no tenía arreglo. Había sufrido por cosas que, ahora, son más mierda que lo que soltáis por esa boca. Había dicho te quiero a quien merecía estar bajo tierra, y había prometido el cielo a quien no se conformaba ni con el universo.
Pero después de un tiempo, de ser solo cenizas y cigarros a medio acabar en un cenicero, me dí cuenta, de que siempre habrá alguien que cuando no tenga más tabaco y tenga un mono impresionante, cogerá ese medio cigarro y se lo fumará con la esperanza de poder saciar las ganas de meter nicotina en sus pulmones. Y aun matando lentamente será feliz por unos minutos. Y parecido es lo que hace conmigo.
Había desconfiado de mucha gente, incluso de mi misma.. pero nunca había confiado tan a lo loco, tan a la velocidad de lo que se consume un cigarrillo. Y qué más dará si me equivoco por milésima vez, hay heridas que no han cicatrizado todavía y con las que vivo perfectamente; hasta que llegue alguien que consiga taparlas, exterminarlas, o besarlas, yo qué cojones sé.
Solo sé que no sé nada, o puede que sí. Puede que sepa que escueces de la misma forma que enganchas. Y que matas de la misma forma que besas. Pero sobre todo me encanta la manera en la que abrazas por la espalda y me insultas solo por verme enfadada. Ojalá seamos perpendiculares en algún momento de nuestra vida y no necesite nada más que tocarte para saber que el séptimo cielo se nos queda corto. Que las heridas han cicatrizado, y que si queremos que nos hagan daño, nos lo haremos mutuamente debajo de las mismas sábanas.
No pidas permiso, ni preguntes. Sólo hazlo. Hazme quererte, hazme pegarte, hazme besarte, hazme gemir tu nombre. Hazlo, pero no preguntes, porque hay besos que en ciertas bocas saben mejor.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario