domingo, 15 de diciembre de 2013
Putos veintisietes.
Muchas veces no estamos solos. Muchas veces nos ayudan a salir adelante. Muchas veces saben guiarnos de una forma un tanto especial. Pocas veces acaba todo esto.
Porque la cosa no es unos ojos bonitos, no; la cosa es la forma en la miran. Porque tampoco es usar bien los labios, apenas; la cosa es el sabor que te dejan después de un beso. Y por supuesto, tampoco es la dulzura de su risa, sino la agradable melodía que hace de ella.
Puedo jurar y requete jurar que no es el hecho de que te quiera, es el hecho de cómo intenta hacerte un poco más suya sabiendo que nunca has podido ser completamente de alguien.
Hoy por hoy, solo puedo comentar y asegurar que no todos los amores son iguales. Que no todos nos enamoramos de una forma, ni de unos ojos, ni siquiera de la piel de gallina causada por sus suspiros detrás de la oreja derecha. Y puedo confirmar que estaría escalando su espalda como si del Everest se tratara, y que comería de sus labios una y otra vez, sin miedo a engordar. Y quizá, después de ocho meses no pueda asegurar que me sería fácil seguir sin todas esas cosas, pero sí que podría asegurar que viviría estancada en sus ojos toda la vida, toda la muerte y todo lo que venga después. Hay miradas que te matan, y otras tantas, que te resucitan.
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