martes, 25 de diciembre de 2012

O eres perfecta, o jodida vives.



Algo con lo que todos luchamos día a día. La perfección. 

 Chicas perfectamente vestidas adornan todos los escaparates de las tiendas en las que solemos comprar. Modelos recién maquilladas y salidas de la peluquería sonríen en las portadas de las revistas más vendidas del mundo. Culos perfectamente moldeados, pechos perfectamente puestos, piernas perfiladas y recientemente delgadas, rostros bañados con una sonrisa perfecta y unos ojos que con solo verlos puedes perder la cordura. Demasiadas tallas pequeñas y demasiadas pocas grandes. Demasiadas modelos anorexicas y demasiadas pocas modelos con una talla de más. 
Patrones que alguien quiso poner. Amenazas que alguien quiso hacer. Pensamientos que alguien quiso compartir con el resto. 

Mirarte al espejo. Examinar. Observar. Mirar. Pensar. Corregir. Solo puedes compararte con cualquiera de las personas que salen en las revistas en las que te encantaría salir por una vez en la vida. Tocarte cada lado de las caberas mientras coges esos gramos de grasa que quedarían mejor fuera de tu cuerpo. Tocar ese vientre que nunca fue una de tus partes favoritas. Ni siquiera te gusta tu aspecto. Es un sentimiento desgarrador que te atora el corazón y no te deja respirar -suena algo metafórico, pero no sabes lo que es hasta que se siente-. Saber que aunque llegues a perder esos kilos de más que hay en tu cuerpo jamás serás igual de perfecta que todas esas chicas que visten tan bien y son tan guapas. Saber que tú no has nacido para ser la que destaque entre tantas chicas. Saber que eres un puto punto entre 9345678987654 puntos más.  Y mi corazón grita que el problema es el saber, que la esperanza nunca se pierde, que el aspecto físico sólo nos diferencia del resto,  nada más; pero mientras tanto, mi cabeza grita a voces que soy una mierda y que en la vida llegaré a ser algo más que mierda. Que si ningún chico se acerca es porque soy fea. Si la vida me da palos es porque me los merezco. Si la gente me odia es porque no hago lo correcto. Y todo es así desde que yo no soy la misma. 




Son grietas que día a día y minuto a minuto se hacen más grandes y más profundas. 




sábado, 3 de noviembre de 2012

"En ruinas, como Roma."




Siempre he pensado que era una persona fuerte, que sabía distinguir entre lo que merece la pena y lo que no. Estaba convencida de que nunca me dejaría engañar y que siempre superaría todo lo que se me pusiese en mi camino. Pero entonces llegaste tú. Creo que aunque vinieras con instrucciones tampoco te entendería. Supongo que en algún momento te das cuenta de que ya has hecho demasiado por alguien, que dar otro paso más ya es pasarse, que la única decisión que te queda es alejarte, y no es que estés renunciando o que no lo hayas intentado con todas tus fuerzas, es que llegas a entender que ya has sobrepasado la línea, que ya has hecho la idiota durante suficiente tiempo. Puedes creer en el destino y pensar que todo llegará, que tarde o temprano será tuyo, o también puedes pensar que hay cosas que nunca serán tuyas, hagas lo que hagas y por mucho que lo intentes, nunca lo serán. Y eso es lo que eres, una cosa que nunca sucederá. ¿Por suerte… por desgracia? Quién sabe.

Si estás leyendo esto probablemente todo habrá acabado. Digo las ganas de quererte, de sentirte, de necesitarte. Hace tiempo que decidí dejar las cosas donde debían estar. Cada cosa tiene su lugar, como ambos tenemos el nuestro. Si estás leyendo esto probablemente ya no nos hablemos, ni nos saludemos por la calle, ni nos sonriamos al mínimo cruce de miradas. Llevamos varias semanas siendo extraños que algún día compartieron la misma saliva, los mismos labios, los mismos sentimientos. Supongo que lo nuestro ha sido un cruce de caminos mal hecho, una carretera desgastada, una acera sin espacio para un tercer amigo.


Perdóname por ser la razón por la que sonreías cuando te hablaba. Perdóname por querer quererte sin espacios ni tiempos concretos. Perdóname por entenderte más de lo que nadie lo hizo. Perdóname por querer compaginar contigo al saber que no era lo suficientemente buena para ti, pero aun así seguí intentándolo. De verdad, perdóname por no poder hacerte feliz siempre que estabas mal, y no poder entender tus rayaduras de cabeza. Perdóname por no ser como tú querías que fuera. Nunca he sido lo suficientemente buena para nadie, y la verdad, me empezaba a extrañar que lo fuera para ti. 


Pd: Tranquilo, intentaré echarte, pero no de menos.
Pd2: Si ya decían mis amigas: “ Necesitas a alguien que te lleve al baile. Follar puede hacerlo cualquiera.”
Pd3: Siento no haberte llenado del todo... pensé que serías feliz a mi lado.

martes, 16 de octubre de 2012

Si insisto es porque esto realmente me importa.



Yo quería negarlo, pero en el fondo sabía que me estaba engañando.
Estuvimos físicamente más cerca de lo que nunca pudimos estar. ¿Me odias por eso?
Me buscas ahora porque necesitas que te haga un favor. En cambio, cuando yo te busco es únicamente porque te quiero ver.



domingo, 14 de octubre de 2012

Déjame decirte que te quiero, aunque sea por última vez.


"Sólo porque fallaste una vez,  no significa que vayas a fracasar en todo".

Sabrás si lo que escribo es para ti. ¿Y  cómo? ¿Conoces esa sensación que da cuando algo importante se te cae de las manos? ¿Esos minutos que se te detiene el corazón cuando te dicen: "tengo que hablar contigo"? ¿O cuando te llega algo que quisiste desde siempre? Asimismo.

No me compares con nadie. Yo no soy como las personas que fueron estúpidas contigo. No soy tu ex. No soy quien te hizo llorar. Me conociste por algo. Y yo me dedicaré a hacerte feliz. Prometo curar tus heridas. Prometo quererte a ti con todo lo que traigas. Tus estupideces, tus cursilerias, tu pasado, nuestro futuro.. No tengas miedo del futuro, yo cuidaré de ti. Y si necesitas a alguien, no estás solo. Recuerda que a pesar del tiempo sigo aquí. Después de todo este tiempo te quiero igual que el primer día. Porque siempre estuve segura de todo, y de alguna u otra forma me haces feliz. Una y otra vez. Pensé que eras genial.. y eso nunca lo pensé de nadie. Y joder, lo siento. Muchas veces siento celos pensando que alguien puede hacerte más feliz de lo que yo podría. ¿Y sabes lo que odio de todo esto? Los segundos en silencio que dejas después de un: "Nada... estaba pensado". Porque, ¿en qué piensas? ¿Piensas que sería tan hija de puta para dejarte tirado y solo? ¿Piensas que sería capaz de engañarte? ¿Por qué no piensas en lo mucho que te quiero? No quiero saber cuál es el problema. Quiero saber qué es lo que harás con el. No cuentes tus problemas, busca soluciones. Todo lo que hagas ahora es en lo que te convertirás después. Basta de ver lo que quieres hacer. Haz lo que quieras, ahora. Forja lo que serás. El ahora es lo único que tienes. Y ahora dime,  ¿qué excusa vas a poner hoy para que me vaya? Basta. Ya es suficiente. Deja de irte cuando ves que pierdes el control. Querer es así, ¿sabes? No puedes irte así de fácil sólo porque tienes miedo. Te escondes tras esa faz de una persona dura y ausente, pero tienes miedo de querer y de que te quieran. Te importa. Te importa y por eso tienes miedo. Yo me quedo porque te quiero, pero no puedo esperar siempre. Hay veces en las que tienes que quedarte y muchas veces equivocarte, porque las cosas son así y valen la pena. Incluso cuando te equivocas.


Si tan solo supieras que lo que hago hoy, es para un mañana juntos... Tengo una propuesta. Quédate conmigo. Pasemos el tiempo juntos. Tú y tus errores. Tú y tus inseguridades. Me quedo con todo. Porque es tuyo. Te daré lo mejor. Te lo juro. Estoy haciendo lo imposible por ti. Por tu felicidad y tu futuro. Nada te faltará. Ni siquiera los caprichos. Es una promesa.



Son las cinco de la mañana. Me he levantado a esta hora sólo para leerlo. Ayer no me dio tiempo, y no he podido dormir dándole vueltas a todo en mi cabeza,  necesitaba analizar cada palabra, cada coma, cada espacio, para sacarle el mayor sentido. Yo sabía que esto pasaría, lo sabía de sobra. Y no quería darme cuenta, me engañaba como tantas otras veces. Pero yo te entiendo, o quiero pensar que te entiendo.
No te echo nada en cara, no te guardo rencor. Si lo haces bien hecho está, tus motivos tienes y es lo mejor, y yo no puedo hacer nada para intentar cambiar eso. No sé qué pensarás ahora si intento hacer como si no me importase por hacerte las cosas más sencillas, o por hacérmelas a mi, hacerme antes a la idea de esto. Que no hay marcha atrás y las cosas nunca volverán a ser lo que eran. Pero pese a todo quiero que sepas que aquí tienes a alguien que se preocupa por tu bienestar, que no tengas en cuenta todo lo que haga de ahora en adelante, por favor, porque no sé qué haré para asimilar esto, pero no te preocupes. Que sepas que yo también te voy a echar de menos, y mucho, ya te estoy echando de menos. Que siga como que me das igual, no te lo creas, porque si has sido de las personas más importantes de mi vida, eso no va a cambiar en una escasa semana, ni tampoco en muchas, es más, creo que siempre vas a ser importante.
Quiero que sepas que nunca fuiste una carga para mi, jamás. Que si alguien  lo fue, fui yo, que si algún tren se descarriló, fue el mio. Y mientras escribía esto me he prometido no llorar y fíjate, casi podría decirse que mi promesa está cumplida. Casi.
Siento no haberte llenado del todo... pensé que serías feliz a mi lado. 









miércoles, 10 de octubre de 2012

Quizás haya venido a escribir lo que nunca llegarás a leer. Lo que nunca llegarás a saber.



He venido a contarte lo que nunca me he atrevido a decirte. Lo que nunca he llegado a poder salir de mi boca.

Palabras enredadas en el nudo que se me formaba en la garganta cada vez que tú estabas cerca. Palabras que nunca nos atrevimos a decir, porque no éramos esa clase de personas. Palabras que nunca tuvieron su momento o quizá nosotros nunca supimos encontrarlo. Simples palabras que podrían haber cambiado todo nuestro mundo, y que  a día de hoy seguimos sin pronunciarlas, porque es demasiado tarde, porque tengo más de 1000 deudas con sus labios que nunca podré saldar. Tenemos millones de momentos por vivir, y el tiempo no nos espera, huye fugitivo. Me necesitabas y yo a ti más que al oxígeno. ¿Necesidad o capricho? Nunca lo sabremos. Tampoco queremos. Sólo te quiero aquí, a mi lado, dispuesto a escribir una historia con magia. Pero no una historia de hadas, no. Hablo de una historia sin final, de palabras que no se dijeron porque todo lo decían las miradas. Palabras de amor, simples palabras que se quedaron en el aire que hay que coger entre un beso y otro. 
Y sí, es cierto, te quiero. De manera inexplicable. Es algo como pedir un regalo a tus padres por navidad pero que ellos te niegan que  lo tendrás porque es demasiado caro. Llega el día de Navidad y hay regalos debajo del árbol, y ahí está lo que hace semanas había pedido y era tan caro. Es como esa sensación de satisfacción después de hacer las cosas bien. Como quitarte los tacones después de una noche loca de fiesta, un alivio.
Diré que es cierto que sonrío cuando me insultas, cuando me pegas, cuando me recuerdas lo mucho que me quieres y cuando estás cerca mío. No negaré que siempre que me hablas te miro a los labios, ni tampoco que me encantaría probarlos por tercera vez. No desmentiré que pienso en ti y que me encantaría que tú hicieras lo mismo. Que me encantaría que pensases, creyeses y rieses las mismas veces que yo lo hago por ti. Es cierto que esto que siento no es mutuo. Es cierto que esto que creo no es real, y es cierto que esto que pasa es demasiado raro.




domingo, 7 de octubre de 2012

Perderse entre recuerdos.



Sabíamos que entre nosotros existía esa química que nos hacía sonreír cuando hablábamos juntos. Sabíamos que lo nuestro era algo más que una relación amistosa. Sabíamos que nos echábamos de menos a cada segundo que no nos veíamos, a cada minuto que no nos hablábamos y a cada hora que nuestro corazón no latía a la par. Sabíamos que estaríamos abrazados horas y horas sólo por poder sentir nuestro calor desde tan cerca. Que no podíamos dejar de mirarnos y recordarnos todo lo que nos queríamos, todo lo que nos extrañábamos el uno al otro. Era el saber que nos teníamos cerca a cada segundo pero nos seguíamos echando de menos porque nuestros labios no se rozaban. Era el levantarse sonriendo porque sabíamos que ambos nos íbamos a ver y a abrazar. Era el acostarse sonriendo porque nos habíamos despedido con una de esas peleas en la que ambos nos queríamos más. Nos compenetrábamos más. Nos uníamos más.

Ahora nadie se besa por la calle. Nadie regala rosas a nadie. Nadie colecciona recuerdos llenos de alegría donde predominaban las sonrisas y los abrazos. Ahora a la gente le da pereza levantarse de la cama porque sabe que todo está gris, que no hay amor, ni caricias, ni llamadas a las dos de la mañana. Ni besos robados, ni caricias inesperadas. Ya nadie quiere saber sobre el amor porque ambos acabaron con el corazón roto en pequeños pedazos. Tan pequeños que no podían arreglarse ni con el tiempo. Ni con caricias de otras personas, ni que dolor de otros amores. Ya no saben si llorar, si reír, si gritar, si tirarse de los pelos, si olvidar, si recordar... 



viernes, 28 de septiembre de 2012

Posdata, te extraño.


'Suelo decirle a la gente que te he olvidado, que tú para mí estás muerta.
He intentado creérmelo de todas las maneras posibles, deseando que un día me despertara y ya no te echara de menos.
He probado muchas formas, con muchas chicas, y siéndote sincero, he aprendido mucho en este tiempo sin ti.
He aprendido, por ejemplo, que lo que una vez nos dice la cabeza, más tarde el corazón lo termina traicionando.
He sido el espectador de una lucha entre mi conciencia y mis sentimientos, y aún así parece que la guerra no se acaba nunca.
También, he buscado dentro de mí lo que jamás había visto con estos ojos.
Buscando una respuesta a por qué siempre que me acuerdo de tu voz termino con una sonrisa en los labios.
Y bueno, tus labios creo que podrían calificarse como la peor tortura conocida.
Sólo pensar en que hubo un momento en el que creí que no los echaría de menos, que eran unos labios como los de la mayoría de las mujeres.
Ahora sé que me equivocaba.
Recuerdo cuando en un tiempo tú me preguntabas cuanto te quería y yo intentaba darte una respuesta indefinida, algo que jamás hubieras escuchado.
Tú me asegurabas que me querrías eternamente, y continuamente me hacías jurar que caminaría hasta el final.
Jamás pude hacerlo.
Sé que te dije mil y una tonterías por aquel entonces, pero tampoco me arrepiento de haberlo hecho.
A mí lo que me llenaba era tu sonrisa.
Sé que mis amigos no dejaban de criticar nuestra extraña manera de querernos; de vivir el uno por el otro en apenas dos miradas.
Todos ellos sabían que yo era un inexperto en esto del amor.
Ahora me doy cuenta de que ellos no comprenden lo que significa realmente amar.
Y ha pasado bastante tiempo desde la última vez que me dirigiste la palabra.
Te aseguro que me siento un gilipollas desde que te juré que no me importabas.
Desde esa tarde en la que te vi llorando por mi en la playa, esa playa donde una vez tú y yo nos consumimos a besos.
Te dije también que no te echaba de menos, que no te necesitaba.
Quizás lo hice por orgullo, o tal vez pensé que de esa forma me olvidarías antes y seguirías con tu vida.
Que te haría ver que yo solo soy ese error que siempre me sentí a tu lado.
Ojalá algún día tengas tiempo para explicarme cómo te sentiste tú tras el último abrazo.
Hace mucho, cuando me sentía parte de tu vida, te dedicaba cada balada de amor que escuchaba.
Hoy por hoy, el rock and roll me sigue recordando un poco a ti.
Siempre ha sido algo que nos unió desde el principio.
Te supliqué con el paso del tiempo que fueras mi musa.
Que fueras el motivo por el cual cantara y rasgara las cuerdas de mi guitarra; de quebrarme la voz pensando en ti.
Sin embargo no fue hasta que te perdí cuando te escribí una canción.
Jamás pude decirte que la compuse por ti.
Solías decirme que no te considerabas guapa; que eras una chica del montón.
A lo mejor no me creíste nunca, pero te repito que desde que te conocí para mí has sido la más preciosa de este mundo.
Te lo aseguro, nadie sobre la Tierra tiene tus ojos.
Tú y yo nunca llegamos a nada mayor que los besos.
A nada físico, me refiero.
Realmente presumo en secreto de que tú y yo nos hemos querido como pocos lo han hecho.
De que podíamos hacer el amor con solo mirarnos.
Yo ni siquiera te saludaba con un beso. Nunca.
Lo considerábamos algo demasiado valioso como para malgastarlo a la primera de cambio, algo demasiado personal.
La gente tampoco conseguía entender eso.
En este tiempo me han pasado muchas cosas. Ha llegado más gente a mi vida, para qué te voy a mentir.
Y toda esa gente, se ha ido yendo también.
Si me abandonaron o les abandoné yo, eso es algo que ni siquiera recuerdo ya.
Créeme, ha sido mucha, muchísima gente la que ha aparecido en mi camino. Pero joder...
¿Por qué ninguna de ellas se parece lo más mínimo a ti?
¿Por qué tienes que ser la única persona en este mundo que llenen ese hueco incompleto en mí?
¿Por qué demonios tenemos que ser tú y yo el uno para el otro?
¿Por qué tienes que ser especialmente tú mi alma gemela?
¿Sabes? Me gustaría poder decir que has cambiado.
Que ni siquiera te reconozco, que no eres esa pequeñaja de ojos preciosos de la que me enamoré un otoño cualquiera.
Pero sé que el que realmente ha cambiado soy yo.
Sé que el que te abandonó sin motivo, el que no se merece que le recuerdes y que nunca podrá olvidarte soy yo.
Algunas veces prometo que incluso sentía miedo.
Miedo de que pudieras llegar a sentir algo tan grande por alguien como yo; el que siempre te ha repetido que no te merece.
Tenía miedo, sí.
Miedo de no poder quererte de la forma en la que lo hacías tú.
Otros recuerdos, aún así, son los mejores que tengo guardados.
Los tengo escondidos aquí dentro, junto a la bola de papel que hice con nuestra foto y que jamás pude romper, y una caja donde todavía guardo un montón de regalos que me quedan por darte algún día.
También guardo en la caja un frasquito con mi olor.
Tú siempre me repetías que te encantaba, y yo hacía in-capié en que no lo consideraba especial.
Me dí cuenta de lo que significaba para ti el día en el que soñé otra vez con el aroma de tu pelo.
En la caja, hay incluso un juego de sábanas blancas.
Son por cada vez que ´me acostaba, cuando me daba por pensar en ti.
Tanto lo hice, que mis sábanas terminaron recordándome cada noche que una vez te prometí que dormiría contigo.
Hoy escribiendo todo esto solo espero que sepas comprenderme como lo llevas haciendo desde el día que te conocí.
Entender que ni siquiera sé si merezco que me quieras, o empezar a plantearme por qué en su día te dejé llorando sola, cuando lo que estaba haciendo me dolió como si me arrancaras el corazón sin avisar.
Buscar la razón por la que abandoné a la persona que me ha llegado a importar en esta puta vida.
Y te prometo que cuando lo haga, volveré para decirte todo lo que siento y demostrarte con mi vida que jamás volveré a querer a nadie de la manera en la que te quiero a ti.
Gracias, una vez más, por dejarme formar parte de tu vida.
Ojalá algún día volvamos a ser una sola piel.'

martes, 17 de abril de 2012

Que yo también sé mentir. Que yo también lo hago a menudo.



Creo que lo que más me asustaba era el saber que no era nada para ti. Nada. Ni amiga, ni conocida, ni desconocida. Nada.

Bueno, quizás esa sea la razón por la que no me arrepiento de lo que he hecho, de lo que he dicho, de lo que deje de hacer por no verte más la cara. Sabes perfectamente que podíamos haberlo tenido todo solo con el roce de tu piel con la mía. Podíamos haber sido uno; un mismo corazón quiero decir. Podíamos haber rozado el cielo con un cruce de miradas. Lo sabías, y eso era lo que te asustaba, pero nunca lo dijiste. Seguiste haciéndome daño. Desgarrando poco a poco aquello que menos me quedaba, y que más anhelaba tener. Te di todo lo que pude, y lo que no también, sabiendo que pronto todo esto acabaría y tendría que luchar con consecuencias. Pero aquí estoy, perdiendo mi preciado tiempo regalándote algo que no te mereces, mi cariño.

Aunque hayas sido la persona más desagradable al dejarme de aquella manera. Aunque seas el tipo más engreído y egocéntrico del mundo, sigo echando de menos tus caricias, tus abrazos, tus "buenos días mi princesita de ojos marrones". Echo de menos tus mensajes sin sentido alguno donde prometías  un futuro juntos no muy lejano.

Ya no es lo mismo que otra persona me de abrazos cuando tengo frío. Ya no es lo mismo decir 'te quiero' a alguien que no eres tú. Ya no es lo mismo sonreír. Ya no es lo mismo ser feliz por ver a dos personas agarrándose de la mano sabiendo que tú vendrás dentro de nada a darme ese amor que he estado esperando durante dos semanas mientras estabas lejos.
Como podrás ver, ya nada es lo mismo. Ya no sé soñar porque no estás a mi lado. Ya no sé si decir que te he olvidado y que puedo seguir adelante sin necesidad de ver tu jodida sonrisa al despertar. Porque yo suelo decir a los demás que te he olvidado, pero es una de las cosas que nunca haría, por mucho daño que me haya hecho el pasado.



viernes, 13 de abril de 2012

"Ninguno de los dos seréis perfectos."

"He’s not perfect. You aren’t either, and the two of you will never be perfect. But if he can make you laugh at least once, causes you to think twice, and if he admits to being human and making mistakes, hold on to him and give him the most you can. He isn’t going to quote poetry, he’s not thinking about you every moment, but he will give you a part of him that he knows you could break. Don’t hurt him, don’t change him, and don’t expect more than he can give. Don’t analyze. Smile when he makes you happy, yell when he makes you mad, and miss him when he’s not there. Love hard when there is love to be had. Because perfect guys don’t exist, but there’s always one guy that is perfect for you.”