lunes, 2 de septiembre de 2013

De Madrid al cielo y de Móstoles al suelo.



A mi siempre me habían dicho que en invierno se escribía entre edredones,  con un pijama calentito, un cigarrillo y una gran taza de té caliente. Y un día lo probé. Y otro día me gusto.
Y ya sabéis lo que dicen: "No te enganches que la lías". Pues bueno, a día de hoy sigo  echando de menos sus besos. Y no hablo de ellos como una droga, sino como un estilo de supervivencia.

Y no es porque ya no los pruebe, que tampoco, sino porque me enganché y porque de vez en cuando firmas sin mirar o  cruzas en rojo. Y no sabéis lo que a mi me gustaba saltarme las normas y colarme a las tantas de la madrugada entre sus sábanas recién limpias y darle besos en las comisuras de los labios mientras veía de reojo como fruncía el ceño.

Y si hablamos de saborear, nunca sentiréis lo que era mirar aquellos ojos azules en los que escondía el puto Océano Pacífico y saber que pasarías toda la vida naufragando por ellos. Muchos dicen que los ojos son el espejo del alma, y entonces, sin ser necesario el inhalar una partícula de aire, sabes que es la más bonita de todo Madrid. Y que todos somos ciegos cuando nos enganchamos de una mirada, sí; pero no juzgues a los que se quedan en el precipicio de su mirada, si tú ni siquiera has tenido cojones a articular palabra cuando de su boca solo sale un hilo voz...:

Un "se mi rutina".  Rutina y ruina.  Se la rutina de todos mis días, y la ruina de todo Roma. Se mi Museo del Prado de Madrid, mi Torre Eiffel de París, mi Empire States de Nueva York. Se el primer museo donde pueda contemplar todas tus obras, desde tus ojos hasta tus caderas. 

... cuando puedas, aunque sea respirar y hacer que tu corazón bombee toda la sangre necesaria para poder levantar los brazos y abrazarlo, podrás reprocharme el escribir a estas horas sobre alguien que deja en sequía a medio continente intentando alimentar su mirada.